jueves, 1 de febrero de 2018

Bajo su mirada




Mi aprendizaje bajo su mirada

Desde que nacemos, vivimos un continuo aprendizaje. Primero en casa, luego en el cole. Más tarde, nuestras decisiones nos llevan por distintos caminos.

Como todos los demás, yo he pasado por ese proceso. Hija, hermana y sobrina de alumnas de Cristo Rey, mi vida siempre estuvo ligada a esta gran familia, que va más allá de cualquier lazo de sangre.

Supera los límites de estas breves líneas la cantidad de vivencias que, curso a curso, marcaron mi vida los quince años que estuve sentada en las aulas de mi colegio creando las amistades que aún conservo, bajo el amparo de las Hijas de Cristo Rey y de grandes profesionales que me influyeron en la que luego sería mi vocación profesional.

Sin embargo, esos quince años terminaron y había que seguir otro rumbo, había que elegir. A simple vista, esa elección significaba separarse, y de hecho así es para la mayoría. Pero entonces me di cuenta de que no era necesario, de que había mucho más. Me di cuenta de que aquello no solo era un colegio. Como he dicho antes, es una familia, un estilo de vida.

Una vez más, Cristo Rey significó para una incalculable cantidad de experiencias de formación. Desde un ángulo completamente distinto, seguí aprendiendo, seguí disfrutando, seguí caminando.

Alumna, animadora, profesora. Sea cual sea nuestro papel, nuestros corazones se nutren de los demás mientras nosotros les aportamos lo que llevamos dentro. Y yo me sigo nutriendo.

Y por supuesto, toda familia tiene un inicio, una base, una fundación, un guía, un mentor, un Padre. Nosotros no somos menos, y el nuestro cumple ahora el centenario de su paso a la Vida. Cien años de legado. Cien años de amor. Cien años de un fructífero desarrollo de lo que él quiso regalarnos y que ha llegado a tantas generaciones.

El Padre Gras nos demostró que el amor de Dios no tiene límites. Nos enseñó a ver a Jesús como un niño, un niño rey, como un amigo que nos acompaña y nos cuida, y al que por ello debemos seguir. El padre Gras nos acercó al mundo de las letras, nos hizo valorar el poder de la escritura para salir al mundo y proclamar el Reino. En definitiva, José Gras sembró una semilla que cada año sigue floreciendo y lanza a la sociedad nuevas personas llenas de “armas” para extender su legado.

Gracias al Padre, hoy que el amor enseña a enseñar, que lo esencial es invisible a los ojos, y que Cristo reina por siempre en mi corazón, y en los corazones de todos aquellos que, como yo, forman parte de este legado.





Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera.
Cristo, nuestro divino Bien, de todo mal nos defienda.
Amén.




María Morales Cobo

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