lunes, 5 de febrero de 2018

Descubrir a José Gras


"El amor que enseña a enseñar y hace bueno al niño y ennoblece al educador"



José Gras y Granollers fue un sacerdote nacido en Agramunt en 1834 y fallecido en Granada en 1918. Ya en sus lugares de nacimiento y muerte, se desvelan dos puntos geográficos suficientemente distantes como para intuir que su vida fue un ir y venir continuo en su incansable misión de hacer reinar a Cristo en una sociedad que, como la actual, padecía de una crisis de fe que precisaba de un proyecto nuevo como el que protagonizó el padre.


    Y es que su inquietud por difundir la vida y ejemplo de Jesucristo Rey lo llevaron a crear una obra religiosa que ha calado hasta nuestros días en su institución más visible y cercana, los colegios, y, de manera más personal y profunda, en su ingente cantidad de artículos, reflexiones y oraciones dirigidas a engrandecer a Cristo y a la Virgen María que sirven de inspiración para todos los que formamos parte de la familia Cristo Rey.

    La primera toma de contacto con el ideario y la vida del padre del escritor de este artículo se produjo en el curso 2013/2014 cuando entró a formar parte del equipo docente del colegio Cristo Rey de Jaén. Merece la pena destacar el ambiente de calidez, cercanía, colaboración y familiaridad que le inspiraron en sus primeros días el personal docente, de administración y servicios que siempre se mostraron atentos y dispuestos a ayudarle en todo lo que necesitara; hechos por los que les estará eternamente agradecido. Fue así, sin saber por qué, como poco a poco se fue contagiando de ese “aire especial” que se respira en estos colegios. Desde la oración de la mañana, las adoraciones, las eucaristías, los valores que se transmiten, la labor del grupo M.A.R. y la relación con las familias y con el alumnado se percibe la presencia de un ideario inspirado por y en el padre Gras que resuena en cada rincón de la institución y en el corazón de todos los que hemos tenido la suerte de entrar en contacto con ella.

    Pese a la corta experiencia docente, se ha tenido la oportunidad de conocer la gran labor que realizan nuestros colegios en Jaén y Las Rozas de Madrid, dos ciudades en comunidades autónomas distintas, con valores y sociedades muy diferentes, pero que comparten el mismo ideario, la misma dedicación y entrega de sus comunidades religiosas y educativas y el deseo de hacer reinar a Cristo que nos legó el padre Gras y que aún hoy sigue vigente en todas sus obras.

    Además de los colegios, José Gras creó y dio forma al Instituto de Hijas de Cristo Rey, el verdadero eslabón que ha unido y mantenido vivo en el tiempo todos los valores que el padre deseaba transmitir a la sociedad. Las hermanas ejercen como guardianas de la misión que les encomendó el padre en todas sus obras y son las principales encargadas de transmitir los valores, la vida y la obra de su fundador entre el profesorado y el alumnado. Su labor, además de en la educación, se ocupa en ayudar a los demás en el ámbito local de la comunidad y colaborando en proyectos y misiones nacionales e internacionales que llevan por bandera el saludo y el lema “Cristo reina” a todos los confines del mundo. Es en ellas en quienes reside especialmente el recuerdo y el deseo del venerable José Gras.

    En definitiva, el padre Gras es el punto de partida y el nexo de unión de toda la obra Cristo Rey en el mundo. Como cristiano ejemplar y comprometido, con un perfil de entrega a los demás, con la convicción y el deseo de dar a conocer a Jesucristo como Rey del Universo, José Gras y Granollers encarna en sí mismo los valores de un hombre de bien que le han merecido el reconocimiento de toda la Iglesia, la admiración que le profesan las Hijas de Cristo Rey y el recuerdo cariñoso y sincero hacia su incalculable aportación en este año en el que conmemoramos el centenario de su paso a la vida.

    Se agradece a la Comisión encargada de celebrar el Centenario del paso a la vida de José Gras la oportunidad que ha brindado de participar, a través de esta publicación, en las actividades preparadas para tal fin. Aprovechamos, asimismo, para dar gracias por todas las religiosas, los compañeros y los alumnos con los que hemos convivido en todo este tiempo porque, de un modo u otro, han aportado algo positivo y han contribuido a la formación como docente y a mejorar como persona y como cristiano.

Agustín J. Ocaña Castillo
Colegio Cristo Rey, Las Rozas de Madrid.



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